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EL
GAUCHO MARTÍN FIERRO |
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| V Ya andaba desesperao, Aguardando una ocasión Que los indios un malón Nos dieran y entre el estrago Hacérmeles cimarrón Y volverme pa mi pago. Aquello no era servicio Ni defender la frontera: Aquello era ratonera En que sólo gana el fuerte Era jugar a la suerte Con una taba culera. Allí tuito va al revés: Los milicos se hacen piones, Y andan en las poblaciones Emprestaos pa trabajar; Los rejuntan pa peliar Cuando entran indios ladrones. Yo he visto en esa milonga Muchos jefes con estancia, Y piones en abundancia, Y majadas y rodeos; He visto negocios feos A pesar de mi inorancia. Y colijo que no quieren La barunda componer; Para eso no ha de tener El jefe, que esté de estable, Más que su poncho y su sable, Su caballo y su deber. Ansina, pues, conociendo Que aquel mal no tiene cura, Que tal vez mi sepultura Si me quedo iba a encontrar, Pensé en mandarme mudar Como cosa más sigura. Y pa mejor, una noche ¡Qué estaquiada me pegaron! Casi me descoyuntaron Por motivo de una gresca Aijuna, si me estiraron Lo mesmo que guasca fresca. Jamás me puedo olvidar Lo que esa vez me paso: Dentrando una noche yo Al fortín, un enganchao, Que estaba medio mamao, Allí me desconoció. Era un gringo tan bozal, Que nada se le entendía. ¡Quién sabe de ande sería! Tal vez no juera cristiano, Pues lo único que decía Es que era pa-po-litano. Estaba de centinela Y, por causa del peludo, Verme más claro no pudo Y esa fué la culpa toda. El bruto se asustó al ñudo Y fi el pavo de la boda. Cuando me vido acercar: ¿Quén vívore?, preguntó; Qué vivoras", dije yo; ¡Ha garto!", me pegó el grito. Y yo dije despacito: Más lagarto seras vos. Ahi no más ¡Cristo me valga! Rastrillar el jusil siento; Me agaché, y en el momento El bruto me largó un chumbo, Mamao, me tiró sin rumbo Que si no, no cuento el cuento. Por de contao, con el tiro Se alborotó el avispero; Los Oficiales salieron Y se empezó la junción: Quedó en su puesto el nación Y yo fi al estaquiadero. Entre cuatro bayonetas Me tendieron en el suelo. Vino el Mayor medio en pedo Y allí se puso a gritar: Pícaro, te he de enseñar A andar reclamando sueldos. De las manos y las patas Me ataron cuatro cinchones: Les aguanté los tirones Sin que ni un ¡ay! se me oyera Y al gringo la noche entera Lo harté con mis maldiciones. Yo no sé por qué el gobierno Nos manda aquí a la frontera Gringada que ni siquiera Se sabe atracar a un pingo. ¡Si crerá al mandar un gringo Que nos manda alguna fiera! No hacen más que dar trabajo Pues no saben ni ensillar, No sirven ni pa carniar, Y yo he visto muchas veces Que ni voltiadas las reses Se les querían arrimar. Y lo pasan sus mercedes Lengüetiando pico a pico Hasta que viene un milico A servirles el asao... Y eso sí, en lo delicaos Parecen hijos de rico. Si hay calor, ya no son gente, Si yela, todos tiritan; Si usté no les da, no pitan Por no gastar en tabaco, Y cuando pescan un naco Unos a otros se lo quitan. Cuando llueve se acoquinan Como perro que oye truenos. ¡Qué diablos! sólo son güenos Pa vivir entre maricas, Y nunca se andan con chicas Para alzar ponchos ajenos. Pa vichar son como ciegos, No hay ejemplo de que entiendan; Ni hay uno solo que aprienda, Al ver un bulto que cruza, A saber si es avestruza, O si es jinete, o hacienda. Si salen a perseguir Después de mucho aparato, Tuitos se pelan al rato Y va quedando el tendal: Esto es como en un nidal Echarle güevos a un gato. |
VI
Vamos dentrando recién A la parte más sentida, Aunque es todita mi vida De males una cadena: A cada alma dolorida Le gusta cantar sus penas. Se empezó en aquel entonces A rejuntar caballada Y riunir la milicada Teniéndolá en el Cantón, Para una despedición A sorprender a la indiada. Nos anunciaban que iríamos Sin carretas ni bagajes A golpiar a los salvajes En sus mesmas tolderías; Que a la güelta pagarían Licenciándolo al gauchaje. Que en esta despedición Tuviéramos la esperanza, Que iba a venir sin tardanza, Sigún el jefe contó, Un menistro o qué se yo Que le llamaban Don Ganza. Que iba a riunir el ejército Y tuitos los batallones Y que traiba unos cañones Con más rayas que un cotín ¡Pucha!... las conversaciones Por allá no tenían fin. Pero esas trampas no enriedan A los zorros de mi laya, Que el menistro venga o vaya Poco le importa a un matrero. Yo también dejé las rayas... En los libros del pulpero. Nunca jui gaucho dormido, Siempre pronto, siempre listo, Yo soy un hombre, ¡qué Cristo! Que nada me ha acobardao, Y siempre salí parao En los trances que me he visto. Dende chiquito gané La vida con mi trabajo, Y aunque siempre estuve abajo Y no sé lo que es subir, También el mucho sufrir Suele cansarnos ¡barajo!. En medio de mi inorancia Conozco que nada valgo: Soy la liebre o soy el galgo A sigún los tiempos andan; Pero también los que mandan Debieran cuidarnos algo. Una noche que riunidos Estaban en la carpeta Empinando una limeta El jefe y el juez de paz, Yo no quise aguardar más, Y me hice humo en un sotreta. Para mí el campo son flores Dende que libre me veo; Donde me lleva el deseo Allí mis pasos dirijo Y hasta en las sombras, de fijo Que adonde quiera rumbeo. Entro y salgo del peligro Sin que me espante el estrago; No aflojo al primer amago Ni jamás fi gaucho lerdo: Soy pa rumbiar como el cerdo Y pronto caí a mi pago. Volvía al cabo de tres años De tanto sufrir al ñudo, Resertor, pobre y desnudo, A procurar suerte nueva, Y lo mesmo que el peludo Enderesé pa mi cueva. No hallé ni rastro del rancho; ¡Sólo estaba la tapera! ¡Por Cristo, si aquello era Pa enlutar el corazón: Yo juré en esa ocasión Ser más malo que una fiera! ¡Quién no sentirá lo mesmo Cuando ansí padece tanto! Puedo asigurar que el llanto Como una mujer largué. ¡Ay mi Dios, si me quedé Más triste que Jueves Santo!. Sólo se oiban los maullidos De un gato que se salvó; El pobre se guareció Cerca, en una vizcachera; Venía como si supiera Que estaba de güelta yo. Al dirme dejé la hacienda Que era todito mi haber; Pronto debíamos volver, Según el Juez prometía, Y hasta entonces cuidaría De los bienes, la mujer. Después me contó un vecino Que el campo se lo pidieron, La hacienda se la vendieron Pa pagar arrendamientos, Y qué sé yo cuántos cuentos; Pero todo lo fundieron. Los pobrecitos muchachos Entre tantas afliciones Se conchavaron de piones; ¡Mas qué iban a trabajar, Si eran como los pichones Sin acabar de emplumar! Por ahi andarán sufriendo De nuestra suerte el rigor: Me han contado que el mayor Nunca dejaba a su hermano; Puede ser que algún cristiano Los recoja por favor. ¡Y la pobre mi mujer Dios sabe cuánto sufrió! Me dicen que se voló Con no sé qué gavilán, Sin duda a buscar el pan Que no podía darle yo. No es raro que a uno le falte Lo que algún otro le sobre; Si no le quedó ni un cobre Sinó de hijos un enjambre ¿Qué más iba a hacer la pobre Para no morirse de hambre? Tal vez no te vuelva a ver, Prenda de mi corazón: Dios te dé su proteción Ya que no me la dió a mí, Y a mis hijos dende aquí Les echo mi bendición. Como hijitos de la cuna Andarán por ay sin madre. Ya se quedaron sin padre Y ansí la suerte los deja, Sin naides que los proteja Y sin perro que los ladre. Los pobrecitos tal vez No tengan ande abrigarse, Ni ramada ande ganarse, Ni un rincón ande meterse, Ni camisa que ponerse Ni poncho con qué taparse. Tal vez los verán sufrir Sin tenerles compasión; Puede que alguna ocasión Aunque los vean tiritando, Los echen de algún jogón Pa que no estén estorbando. Y al verse ansina espantaos Como se espanta a los perros, Irán los hijos de Fierro Con la cola entre las piernas, A buscar almas más tiernas O esconderse en algún cerro. Mas también en este juego, Voy a pedir mi bolada; A naides le debo nada, Ni pido cuartel ni dov, Y ninguno dende hoy Ha de llevarme en la armada. Yo he sido manso primero, Y seré gaucho matrero En mi triste circunstancia, Aunque es mi mal tan projundo; Nací y me he criao en estancia, Pero va conozco el mundo. Ya le conozco sus mañas, Le conozco sus cucañas, Sé como hacen la partida, La enriedan y la manejan: Deshaceré la madeja Aunque me cueste la vida. Y aguante el que no se anime A meterse en tanto engorro, O si no aprétese el gorro O para otra tierra emigre; Pero yo ando como el tigre Que le roban los cachorros. Aunque muchos cren que el gaucho Tiene una alma de rey uno No se encontrará ninguno Que no lo dueblen las penas; Mas no debe aflojar uno Mientras hay sangre en las venas. |
| José Hernández | |