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LA
VUELTA DE MARTÍN FIERRO |
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| XXIX Esto contó Picardía Y después guardó silencio, Mientras todos celebraban Con placer aquel encuentro. Mas una casualidá, Como que nunca anda lejos, Entre tanta gente blanca Llevó también a un moreno, Presumido de cantor Y que se tenía por bueno. Y como quien no hace nada, O se descuida de intento, (Pues siempre es muy conocido Todo aquel que busca pleito), Se sentó con toda calma, Echó mano al estrumento Y ya le pegó un rajido; Era fantástico el negro, Y para no dejar dudas Medio se compuso el pecho. Todo el mundo conoció La intención de aquel moreno: Era claro el desafío Dirigido a Martín Fierro, Hecho con toda arrogancia, De un modo muy altanero. Tomó Fierro la guitarra, Pues siempre se halla dispuesto, Y ansí cantaron los dos En medio de un gran silencio. |
XXX MARTIN FIERRO Mientras suene el encordao, Mientras encuentre el compás, Yo no he de quedarme atrás Sin defender la parada, Y he jurado que jamás Me la han de llevar robada. Atiendan, pues, los oyentes Y cállensé los mirones A todos pido perdones, Pues a la vista resalta Que no está libre de falta Quien no está de tentaciones. A un cantor lo llaman bueno, Cuando es mejor que los piores; Y sin ser de los mejores, Encontrándose dos juntos, Es deber de los cantores El cantar de contrapunto. El hombre debe mostrarse Cuando la ocasión le llegue; Hace mal el que se niegue Dende que lo sabe hacer, Y muchos suelen tener Vanagloria en que los rueguen. Cuando mozo fui cantor - Es una cosa muy dicha Mas la suerte se encapricha Y me persigue constante: De ese tiempo en adelante Canté mis propias desdichas. Y aquellos años dichosos Trataré de recordar; Veré si puedo olvidar Tan desgraciada mudanza, Y quien se tenga confianza, Tiemple y vamos a cantar. Tiemple y cantaremos juntos, Trasnochadas no acobardan; Los concurrentes aguardan, Y porque el tiempo no pierdan, Haremos gemir las cuerdas Hasta que las velas no ardan. Y el cantor que se presiente, Que tenga o no quien lo ampare, No espere que yo dispare Aunque su saber sea mucho; Vamos en el mesmo pucho A prenderle hasta que aclare. Y seguiremos si gusta Hasta que se vaya el día; Era la costumbre mía Cantar las noches enteras: Había entonces, donde quiera, Cantores de fantasía. Y si alguno no se atreve A seguir la caravana, O si cantando no gana, Se lo digo sin lisonja; Haga sonar una esponja O ponga cuerdas de lana. EL MORENO Yo no soy, señores míos Sino un pobre guitarrero; Pero doy gracias al cielo Porque puedo, en la ocasión, Toparme con un cantor Que esperimente a este negro. Yo también tengo algo blanco, Pues tengo blancos los dientes; Sé vivir entre las gentes Sin que me tengan en menos: Quien anda en pagos ajenos Debe ser manso y prudente. Mí madre tuvo diez hijos, Los nueve muy regulares; Tal vez por eso me ampare La Providencia divina: En los güevos de gallina El décimo es el más grande. El negro es muy amoroso, Aunque de esto no hace gala; Nada a su cariño iguala Ni a su tierna voluntá; Es lo mesmo que el macá: Cría los hijos bajo el ala. Pero yo he vivido libre Y sin depender de naides; Siempre he cruzado a los aires Como el pájaro sin nido; Cuanto sé lo be aprendido Porque me lo enseñó un fraire. Y sé como cualquier otro El porqué retumba el trueno, Porqué son las estaciones Del verano y del invierno; Sé también de donde salen Las aguas que cain del cielo. Yo sé lo que hay en la tierra En llegando al mesmo centro; En dónde se encuentra el oro, En dónde se encuentra el fierro, Y en dónde viven bramando Los volcanes que echan juego. Yo sé del fondo del mar Donde los pejes nacieron; Yo sé porqué crece el árbol, y porqué silvan los vientos; Cosas que moran los blancos Las sabe este pobre negro. Yo tiro cuando me tiran, Cuando me aflojan, aflojo; No se ha de morir de antojo Quien me convide a cantar: Para conocer a un cojo Lo mejor es verlo andar. Y si una falta cometo En venir a esta riunión Echándolá de cantor, Pido perdón en voz alta, Pues nunca se halla una falta Que no esista otra mayor. De lo que un cantor esplica No falta qué aprovechar, Y se le debe escuchar Aunque sea negro el que cante: Apriende el que es inorante, Y el que es sabio, apriende más. Bajo la frente más negra Hay pensamiento y hay vida; La gente escuche tranquila, No me haga ningún reproche: También es negra la noche Y tiene estrellas que brillan. Estoy pues a su mandao, Empiece a echarme la sonda Si gusta que le responda, Aunque con lenguaje tosco: En leturas no conozco La jota por ser redonda. MARTIN FIERRO ¡Ah negro!, si sos tan sabio No tengás ningún recelo; Pero has tragao el anzuelo Y al compás del estrumento, Has de decirme al momento Cuál es el canto del cielo. EL MORENO Cuentan que de mi color Dios hizo al hombre primero; Mas los blancos altaneros, Los mesmos que lo convidan, Hasta de nombrarlo olvidan Y sólo lo llaman negro. Pinta el blanco negro al diablo, Y el negro, blanco lo pinta; Blanca la cara o retinta, No habla en contra ni a favor: De los hombres el Criador No hizo dos clases distintas. Y después de esta alvertencia Que al presente viene a pelo, Veré, señores, si puedo, Sigún mi escaso saber, Con claridá responder Cuál es el canto del cielo. Los cielos lloran y cantan Hasta en el mayor silencio; Lloran al cair el rocío, Cantan al silvar los vientos, Lloran cuando cain las aguas, Cantan cuando brama el trueno. MARTIN FIERRO Dios hizo al blanco y al negro Sin declarar los mejores; Les mandó iguales dolores Bajo de una mesma cruz; Mas también hizo la luz Pa distinguir los colores. Ansí ninguno se agravie, No se trata de ofender; A todo se ha de poner El nombre con que se llama, Y a naides le quita fama Lo que recibió al nacer. Y ansí me gusta un cantor Que no se turba ni yerra; Y si en tu saber se encierra El de los sabios projundos, Decíme cuál en el mundo Es el canto de la Tierra. EL MORENO Es pobre mi pensamiento, Es escasa mi razón; Mas pa dar contestación Mi inorancia no me arredra; También da chispas la piedra Si la golpea el eslabón. Y le daré una respuesta Sigún mis pocos alcances; Forman un canto en la Tierra El dolor de tanta madre, El gemir de los que mueren Y el llorar de los que nacen. MARTIN FIERRO Moreno, alvierto que trais Bien dispuesta la garganta: Sos varón, y no me espanta Verte hacer esos primores: En los pájaros cantores Sólo el macho es el que canta. Y ya que al mundo vinistes Con el sino de cantar, No te vayas a turbar, No te agrandes ni te achiques: Es preciso que me espliques Cuál es el canto del mar. EL MORENO A los pájaros cantores Ninguno imitar pretende; De un don que de otro depende Naides se debe alabar, Pues la urraca apriende hablar Pero sólo la hembra apriende. Y ayúdame ingenio mío Para ganar esta apuesta; Mucho el contestar me cuesta Pero debo contestar: Voy a decirle en respuesta Cuál es el canto del mar. Cuando la tormenta brama, El Mar que todo lo encierra Canta de un modo que aterra, Como si el mundo temblara; Parece que se quejara De que lo estreche la tierra. MARTIN FIERRO Toda tu sabiduría Has de mostrar esta vez; Ganarás sólo que estés En vaca con algún santo: La noche tiene su canto Y me has de decir cuál es. EL MORENO No galope que hay aujeros, Le dijo a un guapo un prudente; Le contesto humildemente: La noche por canto tiene Esos ruidos que uno siente Sin saber de donde vienen. Son los secretos misterios Que las tinieblas esconden; Son los ecos que responden A la voz del que da un grito, Como un lamento infinito Que viene no sé de dónde. A las sombras sólo el sol Las penetra y las impone; En distintas direciones Se oyen rumores inciertos: Son almas de los que han muerto Que nos piden oraciones. MARTIN FIERRO Moreno, por tus respuestas Ya te aplico el cartabón, Pues tenés disposición Y sos estruido de yapa; Ni las sombras se te escapan para dar esplicación. Pero cumple su deber El leal diciendo lo cierto, Y por lo tanto te alvierto Que hemos de cantar los dos, Dejando en la paz de Dios Las almas de los que han muerto. Y el consejo del prudente No hace falta en la partida; Siempre ha de ser comedida La palabra de un cantor: Y aura quiero que me digas De donde nace el amor. EL MORENO A pregunta tan escura Trataré de responder, Aunque es mucho pretender De un pobre negro de estancia; Mas conocer su inorancia Es principio del saber. Ama el pájaro en los aires Que cruza por donde quiera, Y si al fin de su carrera Se asienta en alguna rama, Con su alegre canto llama A su amante compañera. La fiera ama en su guarida De la que es rey y señor; Allí lanza con furor Esos bramidos que espantan, Porque las fieras no cantan: Las fieras braman de amor. Ama en el fondo del mar El pez de lindo color; Ama el hombre con ardor, Ama todo cuanto vive; De Dios vida se recibe, Y donde hay vida, hay amor. MARTIN FIERRO Me gusta negro ladino, Lo que acabás de esplicar; Ya te empiezo a respetar, Aunque al principio me reí, Y te quiero preguntar Lo que entendes por la ley. EL MORENO Hay muchas dotorerías Que yo no puedo alcanzar; Dende que aprendí a inorar De ningún saber me asombro; Mas no ha de llevarme al hombro Quien me convide a cantar. Yo no soy cantor ladino Y mi habilidá es muy poca; Mas cuando cantar me toca Me defiendo en el combate, Porque soy como los mates: Sirvo si me abren la boca. Dende que elige a su gusto, Lo más espinoso elige; Pero esto poco me aflige, Y le contesto a mi modo: La ley se hace para todos, Mas solo al pobre le rige. La ley es tela de araña, En mi inorancia lo esplico; No la tema el hombre rico, Nunca la tema el que mande, Pues la ruempe el bicho grande Y sólo enrieda a los chicos. Es la ley como la lluvia: Nunca puede ser pareja; El que la aguanta se queja, Pero el asunto es sencillo; La ley es como el cuchillo: No ofende a quien lo maneja. Le suelen llamar espada, Y el nombre le viene bien; Los que la gobiernan ven A dónde han de dar el tajo: Le cai al que se halla abajo Y corta sin ver a quién. Hay muchos que son dotores, Y de su cencia no dudo; Mas yo soy un negro rudo, Y, aunque de esto poco entiendo, Estoy diariamente viendo Que aplican la del embudo. MARTIN FIERRO Moreno, vuelvo a decirte: Ya conozco tu medida; Has aprovechao la vida Y me alegro de este encuentro; Ya veo que tenés adentro Capital pa esta partida. Y aura te voy a decir, Porque en mi deber está, Y hace honor a la verdá Quien a la verdá se duebla, Que sos por juera tinieblas Y por dentro claridá. No ha de decirse jamás Que abusé de tu pacencia; Y en justa correspondencia, Si algo querés preguntar, Podés al punto empezar, Pues ya tenés mi licencia. EL MORENO No te trábes lengua mía, No te vayas a turbar; Nadie acierta antes de errar Y, aunque la fama se juega, El que por gusto navega No debe temerle al mar. Voy a hacerle mis preguntas, Ya que a tanto me convida; Y vencerá en la partida Si una esplicación me dá Sobre el tiempo y la medida, El peso y la cantidá. Suya será la vitoria Si es que sabe contestar; Se lo debo declarar Con claridá, no se asombre, Pues hasta aura ningún hombre, Me lo ha sabido esplicar. Quiero saber y lo inoro, Pues en mis libros no está, Y su respuesta vendrá A servirrne de gobierno: Para que fin el Eterno Ha criado la cantidá. MARTIN FIERRO Moreno te dejás cair Como carancho en su nido; Ya veo que sos prevenido, Mas también estoy dispuesto; Veremos si te contesto Y si te das por vencido. Uno es el sol, uno el mundo, Sola y única es la luna; Ansí, han de saber que Dios No crió cantidá ninguna. El Ser de todos los seres Sólo formó la unidá; Lo demás lo ha criado el hombre Después que aprendió a contar. EL MORENO Veremos si a otra pregunta Dá una respuesta cumplida: El Ser que ha criado la vida Lo ha de tener en su archivo, Mas yo inoro qué motivo Tuvo al formar la medida. MARTIN FIERRO Escuchá con atención Lo que en mi inorancia arguyo: La medida la inventó El hombre para bien suyo. Y la razón no te asombre, Pues es fácil presumir: Dios no tenía que medir Sino la vida del hombre. EL MORENO Si no falla su saber Por vencedor lo confieso; Debe aprender todo eso Quien a cantar se dedique; Y aura quiero que me esplique Lo que sinifica el peso. MARTIN FIERRO Dios guarda entre sus secretos El secreto que eso encierra, Y mandó que todo peso Cayera siempre a la tierra; Y según compriendo yo, Dende que hay bienes y males, Fue el peso para pesar Las culpas de los mortales. EL MORENO Si responde a esta pregunta Téngasé por vencedor; Doy la derecha al mejor; Y respóndamé al momento: Cuándo formó Dios el tiempo Y porque lo dividió. MARTIN FIERRO Moreno, voy a decir Según mi saber alcanza: El tiempo sólo es tardanza De lo que está por venir; No tuvo nunca principio Ni jamás acabará, Porque el tiempo es una rueda, Y rueda es eternidá; Y si el hombre lo divide Sólo lo hace, en mi sentir, Por saber lo que ha vivido O le resta que vivir. Ya te he dado mis respuestas, Mas no gana quien despunta: Si tenés otra pregunta O de algo te has olvidao, Siempre estoy a tu mandao Para sacarte de dudas. No procedo por soberbia Ni tampoco por jatancia, Mas no ha de faltar costancia Cuando es preciso luchar; Y te convido a cantar Sobre cosas de la Estancia. Ansí prepará, moreno, Cuanto tu saber encierre; Y sin que tu lengua yerre, Me has de decir lo que empriende El que del tiempo depende, En los meses que train erre. EL MORENO De la inorancia de naides Ninguno debe abusar; Y aunque me puede doblar Todo el que tenga más arte, No voy a ninguna parte A dejarme machetiar. He reclarao que en leturas Soy redondo como jota; No avergüence mi redota, Pues con claridá le digo: No me gusta que conmigo Naide juegue a la pelota. Es buena ley que el más lerdo Debe perder la carrera; Ansí le pasa a cualquiera, Cuando en competencia se halla Un cantor de media talla Con otro de talla entera. ¿No han visto en medio del campo Al hombre que anda perdido, Dando güeltas afligido Sin saber donde rumbiar? Ansí le suele pasar A un pobre cantor vencido. También los árboles crujen Si el ventarrón los azota; Y si aquí mi queja brota Con amargura, consiste En que es muy larga y muy triste La noche de la redota. Y dende hoy en adelante, Pongo de testigo al cielo Para decir sin recelo Que, si mi pecho se inflama, No cantaré por la fama Sinó por buscar consuelo. Vive ya desesperado Quien no tiene que esperar; A lo que no ha de durar Ningún cariño se cobre: Las alegrías en un pobre Son anuncios de un pesar. Y este triste desengaño Me durará mientras viva; Aunque un consuelo reciba Jamás he de alzar el vuelo: Quien no nace para el cielo De balde es que mire arriba. Y suplico a cuantos me oigan Que me permitan decir Que al decidirme a venir No sólo jué por cantar, Sinó porque tengo a más Otro deber que cumplir. Ya saben que de mi madre Fueron diez los que nacieron; Mas ya no esiste el primero Y más querido de todos: Murió, por injustos modos, A manos de un pendenciero. Los nueve hermanos restantes Como güérfanos quedamos; Dende entonces lo lloramos Sin consuelo, creanmeló, Y al hombre que lo mató Nunca jamás lo encontramos. Y queden en paz los güesos De aquel hermano querido; A moverlos no he venido, Mas, si el caso se presenta, Espero en Dios que esta cuenta Se arregle como es debido. Y si otra ocasión payamos Para que esto se complete, Por mucho que lo respete Cantaremos, si le gusta, Sobre las muertes injustas Que algunos hombres cometen. Y aquí pues, señores míos, Diré como en despedida, Que todavía andan con vida Los hermanos del dijunto, Que recuerdan este asunto Y aquella muerte no olvidan. Y es misterio tan projundo Lo que está por suceder, Que no me debo meter A echarla aquí de adivino: Lo que decida el destino Después lo habrán de saber. MARTIN FIERRO Al fin cerrastes el pico Después de tanto charlar; Ya empezaba a maliciar, Al verte tan entonao, Que traias un embuchao Y no lo querías largar. Y ya que nos conocemos, Basta de conversación; Para encontrar la ocasión No tienen que darse priesa: Ya conozco yo que empieza Otra clase de junción. Yo no sé lo que vendrá, Tampoco soy adivino; Pero firme en mi camino Hasta el fin he de seguir: Todos tienen que cumplir Con la ley de su destino. Primero fue la frontera Por persecución de un juez, Los indios fueron después, Y, para nuevos estrenos, Aura son estos morenos Pa alivio de mi vejez. La madre echó diez al mundo, Lo que cualquiera no hace; Y tal vez de los diez pase Con iguales condiciones: La mulita pare nones, Todos de la mesma clase. A hombre de humilde color Nunca sé facilitar, Cuando se llega a enojar Suele ser de mala entraña; Se vuelve como la araña, Siempre dispuesta a picar. Yo he conocido a toditos Los negros más peliadores; Había algunos superiores De cuerpo y de vista... ¡aijuna! Si vivo, les daré una... Historia de las mejores. Mas cada uno ha de tirar En el yugo en que se vea; Yo ya no busco peleas, Las contiendas no me gustan; Pero ni sombras me asustan Ni bultos que se menean. La creia ya desollada, Mas todavía falta el rabo, Y por lo visto no acabo De salir de esta jarana; Pues esto es lo que se llama Remachárselé a uno el clavo. |
| José Hernández | |