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La era peronista
La
reanudación de la actividad política en Argentina estuvo caracterizada
por la aparición de una nueva agrupación, los peronistas. Organizados
formalmente como Partido Laborista, con Perón —quien había alcanzado gran
popularidad como secretario de Trabajo— como candidato a la presidencia,
este grupo obtuvo sus principales apoyos entre los sectores más desfavorecidos
de la clase trabajadora rural y urbana. Los peronistas realizaron una
exitosa campaña entre estos trabajadores, conocidos popularmente como
‘descamisados’, con promesas de tierra, mayores salarios y seguridad social.
Las elecciones, celebradas el 24 de febrero de 1946, dieron la victoria
a Perón sobre su oponente, Tamborini, candidato de la Unión Democrática
(coalición de fuerzas de izquierda, centro y derecha).
Meses antes, Perón había contraído matrimonio con una antigua
actriz, Eva Duarte, quien, como primera dama de Argentina, dirigió las
relaciones sindicales y los servicios sociales del gobierno de su marido
hasta su muerte, en 1952. Adorada por las masas, influyó para que se estableciera
el sufragio universal (con lo que se logró la integración de la mujer
a la vida política argentina), y fue —más que nadie— la responsable de
la popularidad del régimen de Perón (quien manejaba a las masas con consumada
habilidad). En octubre de 1946, Perón promulgó un ambicioso plan quinquenal
para la expansión de la economía. En 1947 deportó a una serie de agentes
nazis y expropió unas 60 empresas alemanas. Tras estas medidas, las relaciones
entre Estados Unidos y Argentina mejoraron sensiblemente.
Nueva Constitución
En
marzo de 1949, la Asamblea Constituyente convocada por Perón promulgó
una nueva constitución que permitía la reelección del presidente por un
segundo mandato consecutivo. Aprovechando la nueva ley fundamental, el
Partido Justicialista (peronista) designó candidato a Perón para los comicios
de 1952. Como resultado, crecieron las críticas contra el régimen por
parte de los partidos y la prensa de oposición. La mayoría peronista en
el Congreso tomó represalias en septiembre de ese año, aprobando leyes
que contemplaban el encarcelamiento de personas que se mostraran ‘irrespetuosas’
con los dirigentes gubernamentales. En los meses subsiguientes, varios
opositores al régimen fueron encarcelados. Poco después, el Congreso instituyó
nuevas medidas de represalia, entre ellas la supresión de la prensa opositora.
La Prensa, el principal periódico independiente, fue cerrado en
marzo de 1951; al mes siguiente, el Congreso aprobó una ley que expropiaba
el periódico. Antes de las elecciones —que se celebraron en noviembre
de 1951 en lugar de febrero de 1952, la fecha prevista— se impusieron
severas restricciones a los partidos de la oposición. Perón fue reelegido
por una amplia mayoría, y sus candidatos ganaron 135 de los 149 escaños
de la Cámara de Diputados.
Segunda presidencia
de Perón
En
enero de 1953, el gobierno lanzó un segundo plan quinquenal, que hacía
hincapié en el incremento de la producción agrícola en lugar de la industrialización,
que había sido el objetivo del primer plan. Durante 1953, Argentina formalizó
importantes acuerdos económicos y comerciales con diversos países, especialmente
con Gran Bretaña, la Unión Soviética y Chile. En 1953, el intercambio
produjo una balanza comercial favorable por primera vez desde 1950. Sin
embargo, la presión inflacionista, que desde 1948 había provocado un incremento
de más del 200% en el coste de la vida, no cesó.
Perón controlaba la prensa, las masas obreras, el Ejército,
las empresas, pero no la Iglesia; por esta causa puede entenderse que
en los meses siguientes se profundizó el abismo entre la Iglesia y el
Estado. Este ataque se convirtió en una bola de fuego: la Iglesia pasó
a ser el baluarte de la dispersa oposición; la situación salió de control
y se produjo la quema de numerosas iglesias.
La ‘Revolución
Libertadora’
El
16 de junio de 1955, elementos disidentes de la Armada argentina y de
su sección aérea lanzaron una rebelión en Buenos Aires. Sin embargo, el
Ejército de Tierra se mantuvo leal al gobierno y el levantamiento fue
pronto sofocado. En las semanas siguientes aumentó la tensión a medida
que distintas facciones dentro del gobierno y de las Fuerzas Armadas tomaban
posiciones. Finalmente, el 16 de septiembre de 1955, grupos insurgentes
de las tres armas lanzaron una rebelión concertada, llamada la ‘Revolución
Libertadora’ después de tres días de enfrentamientos, durante los cuales
murieron unas 4.000 personas, Perón dimitió y se refugió en una cañonera
paraguaya anclada en el puerto de Buenos Aires. El 20 de septiembre, el
líder de los insurgentes, el general de división Eduardo Lonardi, asumió
la presidencia provisional, prometiendo restablecer la democracia. Perón
se marchó al exilio, primero a Paraguay y posteriormente a Venezuela,
República Dominicana y España.
Presidentes
provisionales
Menos
de dos meses después, el gobierno de Lonardi fue a su vez depuesto en
un incruento golpe militar dirigido por el teniente general Pedro Eugenio
Aramburu. El motivo alegado para la revuelta fue que Lonardi se negaba
a suprimir las actividades de los peronistas en el Ejército y en los sindicatos.
Aramburu abrogó la Constitución de 1949 y reinstauró la de 1853, que prohibía
la reelección presidencial. En junio de 1956 fue aplastada una rebelión
peronista, siendo arrestadas miles de personas y fusilados 38 supuestos
peronistas. En los meses posteriores, varios centenares de personas fueron
encarceladas bajo la acusación de conspirar para derrocar al nuevo régimen.
En julio se convocaron elecciones para la Asamblea Constituyente.
La moderada Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo
Balbín, fue la agrupación más votada, seguida de cerca por la Unión Cívica
Radical Intransigente (UCRI) más izquierdista, dirigida por Arturo Frondizi.
Ambos partidos eran ramas escindidas de la histórica Unión Cívica Radical.
Los peronistas, cuyo partido fue prohibido, votaron en blanco siguiendo
instrucciones de su exiliado líder. El voto en blanco, pedido también
por otros grupos pequeños, superó los conseguidos por cualquier otro partido,
representando casi una cuarta parte de los votos emitidos.
Presidentes
electos
La
Asamblea Constituyente, que comenzó sus deliberaciones en septiembre en
la ciudad de Santa Fe, volvió a adoptar la Constitución de 1853 (con unas
pequeñas enmiendas) tras la retirada de la UCRI y de otros partidos. Cuando
en febrero de 1958 se celebraron las elecciones presidenciales, Arturo
Frondizi obtuvo la presidencia gracias al apoyo de peronistas y comunistas,
así como la mayoría en el Congreso. El 1 de mayo de 1958 se restableció
el gobierno representativo.
A pesar de la intranquilidad sindical y de los continuos
incrementos en el coste de la vida, a principios de 1959 se alcanzó una
cierta estabilidad económica gracias a la ayuda de sustanciales créditos
y préstamos extranjeros. En 1960, los préstamos obtenidos de organismos
públicos y privados de Estados Unidos totalizaban los 1.000 millones de
dólares. La participación de Argentina en la Asociación Latinoamericana
de Libre Comercio (ALALC), fundada en 1960, ayudó a promover el intercambio
comercial con otros países de la región en 1960 y 1980.
La popularidad de Frondizi cayó en picado durante 1961.
Frondizi tuvo el apoyo peronista por un acuerdo con el mismo Perón, pero
este último, descontento con el gobierno de Frondizi, le quitó el apoyo
y éste perdió popularidad. En las elecciones provinciales y legislativas
celebradas en marzo de 1962, los peronistas —a quienes se había vuelto
a permitir su participación— se alzaron con el 35% de los votos. Aunque
Frondizi vetó a cinco candidatos peronistas ganadores de otras tantas
gobernaciones provinciales, a finales de ese mes fue depuesto por los
militares que criticaban su indulgencia hacia el peronismo. La gota que
colmó el vaso fue la famosa entrevista secreta con el Che Guevara. La
política internacional fue decisiva en la caída del gobierno de Frondizi
y uno de los aspectos más importantes de su presidencia. Debe recordarse
el plan para el desarrollo latinoamericano (denominado la Alianza para
el Progreso) lanzado por el presidente Kennedy de Estados Unidos y el
problema de Cuba. Cuando Guevara fue a Punta del Este para la presentación
del plan, viajó (supuestamente en secreto) a Buenos Aires para entrevistarse
con Frondizi; al día siguiente todo el país se enteró de esos hechos,
despertando las reticencias en un sector del Ejército y la derecha. Puesto
que el vicepresidente había dimitido poco después de la asunción de Frondizi
(según la Constitución, el vicepresidente es a la vez presidente del Senado),
asumió la presidencia el entonces vicepresidente primero de la cámara
alta, José María Guido.
Sin embargo, su mandato estuvo dominado por las Fuerzas
Armadas, en cuyo seno se produjeron una serie de enfrentamientos entre
los más acérrimos antiperonistas y anticomunistas (los colorados) y la
facción constitucionalista (los azules), la cual se impuso y se convocaron
nuevas elecciones en 1963, en las que se prohibió la participación de
peronistas y comunistas. Resultó elegido presidente Arturo Umberto Illia,
un moderado de la UCRP, quien anunció un programa de recuperación nacional
y regulación de las inversiones extranjeras, intentando controlar el aumento
de los precios, la especulación y la intranquilidad sindical mediante
la promulgación de leyes que establecían precios fijos y salarios mínimos.
Gobierno militar
En las elecciones de 1965, los
candidatos peronistas obtuvieron considerables avances, aunque el partido
de Illia mantuvo, con 71 escaños, la mayoría en la Cámara de Diputados.
La intranquilidad sindical se incrementó en 1966, mientras los peronistas
seguían ganando elecciones parciales. Como resultado, en junio de 1966
se produjo un golpe militar, estableciéndose una Junta que nombró tres
presidentes sucesivos, el último de los cuales —el teniente general Alejandro
Agustín Lanusse— asumió el cargo en 1971. En los primeros meses de su
mandato, Lanusse adoptó una serie de iniciativas tendentes a restaurar
el gobierno civil. Anunció un programa económico para controlar la espiral
inflacionista y convocó elecciones nacionales para marzo de 1973. Sin
embargo, en 1972 el país se vio envuelto en una ola de violencia, con
huelgas, manifestaciones estudiantiles y actividades terroristas. Esta
situación provocó una nueva crisis económica. Los peronistas, a los que
se permitió participar en las elecciones, designaron a su exiliado líder
candidato para la presidencia. Sin embargo, como permaneció en España
tras la fecha estipulada como residencia permanente en Argentina para
poder inscribirse como candidato, se nominó a Héctor José Cámpora en su
lugar.
Regreso y
muerte de Perón
Los
peronistas, bajo las siglas FREJULI (Frente Justicialista de Liberación),
barrieron en las elecciones de marzo de 1973, asumiendo Cámpora la presidencia
el 25 de mayo. La escalada terrorista, en la que ahora participaban grupos
de extrema derecha, fue en aumento, con numerosos secuestros y asesinatos;
también las divisiones entre peronistas de extrema izquierda, extrema
derecha y moderados contribuyeron a generalizar la violencia. El 20 de
junio, fecha en la que Perón regresó a Argentina, estalló una batalla
campal entre las facciones peronistas que se cobró, cuando menos, 380
víctimas.
Un mes más tarde, Cámpora presentó su dimisión, y en septiembre
Perón fue elegido presidente con más del 61% de los votos; su tercera
esposa, María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita, fue elegida
vicepresidenta.
Sin embargo, la tensión fue excesiva para el anciano Perón.
El 1 de julio de 1974 falleció, siendo sucedido por su esposa, la primera
mujer que alcanzó la jefatura del Estado de un país latinoamericano moderno.
Durante su mandato, la situación política y económica se deterioró rápidamente.
En 1975, las actividades terroristas de grupos de extrema izquierda y
extrema derecha se cobraron las vidas de más de 700 personas. El costo
de la vida se incrementó en un 335%, y las huelgas y manifestaciones eran
frecuentes. Tras repetidas crisis gubernamentales y un fallido intento
de rebelión de las Fuerzas Aéreas en diciembre de 1975, una Junta Militar
dirigida por el comandante en jefe del Ejército, teniente general Jorge
Rafael Videla, tomó el poder el 24 de marzo de 1976. La Junta Militar
disolvió el Congreso, impuso la ley marcial y gobernó por decreto.
Dictadura
militar y guerra de las Malvinas
Durante
los primeros meses posteriores al golpe militar se mantuvo la actividad
terrorista de algunos grupos de izquierdas, pero se aplacó un tanto después
que el gobierno de Videla lanzara su propia campaña terrorista contra
los opositores políticos. En 1977, la Comisión Argentina de Derechos Humanos
denunció en Ginebra al régimen militar, acusándolo de 2.300 asesinatos
políticos, unos 10.000 arrestos por causas políticas y la desaparición
de entre 20.000 y 30.000 personas, muchas de las cuales fueron asesinadas
y sepultadas en tumbas anónimas.
La economía siguió siendo caótica. En marzo de 1981, Videla
fue sucedido en la presidencia por el teniente general Roberto Viola,
sustituido en diciembre del mismo año por el comandante en jefe del Ejército,
el teniente general Leopoldo Galtieri, cuyo gobierno consiguió el apoyo
casi unánime de la ciudadanía en abril de 1982 al ocupar por la fuerza
las islas Malvinas, territorio reclamado por Argentina desde 1833. Gran
Bretaña recuperó las islas en junio tras la breve guerra de las Malvinas,
y el desacreditado Galtieri fue reemplazado por el general de división
Reynaldo Bignone.
La Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), fundada
en 1980, sustituyó a la ALALC como organismo para la reducción de aranceles
en el intercambio comercial entre los países miembros. Entre 1986 y 1990,
Argentina firmó una serie de tratados de integración previstos para reducir
aún más las barreras aduaneras entre los países latinoamericanos.
El retorno
a la democracia
Con
una deuda externa sin precedentes y con una inflación superior al 900%,
Argentina celebró, después de una década, elecciones presidenciales en
octubre de 1983. El ganador fue el candidato de la Unión Cívica Radical
(UCR), Raúl Alfonsín. Bajo su mandato, la nación volvió a la democracia;
se reorganizaron las Fuerzas Armadas, se enjuició a antiguos dirigentes
militares y políticos por violación de los derechos humanos, se renegoció
la deuda externa, se instituyeron reformas fiscales y se estableció una
nueva moneda. Además, se aprobó un tratado para resolver una disputa fronteriza
con Chile por tres islas del Canal de Beagle. No obstante, la inflación
se mantuvo alta y, en mayo de 1989, el candidato peronista Carlos Saúl
Menem fue elegido presidente. Era la primera vez desde 1928 en que un
presidente civil no era derrocado por las Fuerzas Armadas. Ante el rápido
deterioro de la economía del país, Menem impuso un duro programa de austeridad.
A principios de la década de 1990, su gobierno sofocó la inflación, equilibró
el presupuesto, vendió empresas estatales a inversores privados y renegoció
la deuda. En 1992 se restablecieron las relaciones diplomáticas plenas
con el Reino Unido, lo que ayudó a reparar las heridas de la guerra de
las Malvinas. En diciembre de 1993, el presidente Menem alcanzó un acuerdo
con su predecesor, Raúl Alfonsín, para modificar la Constitución, reduciendo
el mandato presidencial de seis a cuatro años, aunque se permitía la reelección
consecutiva, decisión que fue refrendada por las dos cámaras del Congreso.
En las elecciones convocadas para la Asamblea Constituyente, el partido
de Menem ganó la mayoría. En 1994 Argentina firmó el Tratado de Tlatelolco,
declarándose país libre de armas nucleares. Ese mismo año, los mandatarios
de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción,
que confirmó la intención de estos países de crear el Mercado Común del
Cono Sur, Mercosur.
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