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En 1573 Juan de Garay fundó
la ciudad de Santa Fe para llenar la sentida necesidad de crear un pueblo
y puerto de apoyo entre Asunción y el Río de la Plata.
La fundación originaria se hizo en donde hoy se encuentra el pueblo
de Cayastá, pero entre 1651 y 1653 debió trasladarse para evitar las
frecuentes inundaciones y para mejorar su defensa contra la hostilidad
de la población aborigen.
Su estratégica ubicación no sólo ayudó al tránsito por el Paraná hacia
y desde Asunción sino que también colaboró en la comunicación del Virreinato
del Perú con el Río de la Plata.
En la campaña al norte de Santa Fe el poblamiento se vio favorecido
por las misiones jesuíticas de Cayastá, San Pedro, San Javier y San
Jerónimo.
Hacia el sur se destacaron Coronda y especialmente Rosario, poblamiento
surgido espontáneamente alrededor de la capilla Nuestra Señora del Rosario
en 1746.
Por su posición en el camino de Buenos Aires a Santa Fe, su puerto natural
y la excelente calidad de sus tierras circundantes, su crecimiento se
fue consolidando hasta llegar al gran desarrollo en la época de la gran
inmigración, donde luego del Acuerdo de San Nicolás que abrió el libre
acceso de los barcos de ultramar, su puerto se transformó en la gran
puerta de salida de la gran producción agrícola del centro y sur de
Santa Fe.
El gran crecimiento poblacional de la provincia estuvo estrechamente
ligado a la llegada de las grandes corrientes migratorias desde Europa
que produjo un formidable proceso de asentamiento de agricultores, convirtiéndose
en uno de los capítulos más interesantes de la colonización de la Argentina.
En 1856 se fundó la Colonia Esperanza, y en los 38 años que van hasta
1893 se crearon 114 colonias más, las que constituyeron la base del
extraordinario desarrollo agropecuario del centro y sur de la provincia.
Rosario se convirtió en el gran centro comercial exportador y llegó
a ser la segunda ciudad del país.
La crisis mundial de los años treinta morigeró el gran crecimiento poblacional
de Santa Fe.
Las migraciones internas hacia el Gran Buenos Aires arrastraron a muchos
santafecinos y la provincia tuvo su más bajo período de incremento demográfico
en los años cincuenta.
Luego recuperó un moderado crecimiento que continúa hasta el presente
y que le ha permitido conservar su tercer lugar en población detrás
de la provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal, llegando a
casi los dos millones ochocientos mil habitantes en el último censo.
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