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Flora
La flora de alta montaña
está representada en la zona por el pingo pingo, una gimnosperma,
pariente de las araucarias y pinos, con difundidos poderes revitalizantes;
los acerillos, varios arbustos espinosos con frutos semejantes a pequeños
tomates peritas; el leoncito, una cactácea que forma cojines
compactos con espinas achatadas de tonos blancuzcos a amarillo-leonado.
Una especie destacable es el chacay, un arbusto que alcanza el porte
arbóreo constituyendo densos bosquecillos.
Las vegas o ciénagas contienen las formaciones vegetales típicas
de los humedales de la cordillera.
Se destacan el berro, llantén, diversos juncos y una gran variedad de
plantas prosperan en estos sectores.
En los bordes de la vega son notables las yaretas, arbustos achaparrados
de follaje muy compacto, que forman grandes placas de bordes circulares
y baja alturas, se presentan otras especies que están asociadas a
los pequeños cuerpos y cursos de agua de alta montaña.
Las partes bajas de la reserva tienen vegetación de monte,
como son las jarillas, arbustos resinos muy bien adaptados a estos
desiertos; la brea, arbolito de hermosa corteza verde clara, lisa,
notable cuando se cubre de flores amarillas hacia primavera; el retamo
es otro de los componentes típicos de los arbustales áridos
de la región, una planta que sufrió una fuerte extracción
en décadas pasadas cuando se lo cortaba para obtener ceras
naturales.
Las planicies del oeste están ocupadas por comunidades típicas
del monte.
Allí la formación dominante es el matorral, a veces
muy abierto, integrado por el retamo y la jarilla.
Sobre los pequeños valles de los escasos arroyos de la zona
se instalan los bobadales, arbustales asociados al agua.
Sobre los sectores más altos y en las planicies encontramos
la vegetación típica de la puna.
La vegetación dominate es la estepa arbustiva formada por matas
que no superan el metro y medio de altura, dejando gran parte del
suelo sin cubrir.
Llama la atención por su color blanquecino y por su forma esférica,
el cactus columnar lobivia formosa que se ubica sobre las laderas
rocosas.
También hallaremos a la tolilla y al ajenjo, este último
con fuerte aroma y usado en la medicina local.
Cubriendo los faldeos rocosos a partir de los 2.700-3.000 metros de
altura hallaremos las comunidades altoandinas.
La vegetación toma el aspecto de una estepa graminosa.
Son comunes las gramíneas formando matas con diseños
circulares y de media luna, siendo la más frecuente el corión.
Los bosques de algarrobos se encuentran en los sectores donde la napa
freática se acerca a la superficie lo suficiente para ser alcanzada
por sus largas raíces pueden llegar a unos 20 metros de profundidad.
Conforman así galerías boscosas sobre los cursos temporarios
y núcleos de montes en los bajos entre los médanos.
El algarrobo constituye así un importante componente del ecosistema
al brindar sectores sombreados dentro de un gran ambiente desértico,
permitiendo el desarrollo por ejemplo de algunas gramíneas.
El algarrobo de guanaco o upa, un arbusto exclusivo de los arenales
del centro-oeste argentino, con notables frutos o chauchas coloradas
arrosariadas, esto es con visibles angosturas entre semillas; y el
parrón , un fuerte arbusto con un tronco principal con corteza
exfoliante similar a la vid, de allí su nombre común.
Otras plantas comunes en la zona varias especies de zampas, algunos
cactus como los puquis con artejos, los tallos engrosados de las cactáceas
semiesféricos, y la penca, con artejos aplanados, de porte
tendido y hermosas flores amarillas.
Fauna
La fauna mayor está
representada por el guanaco y el suri cordillerano, conocido en la
región por "churi", el cual está considerado
amenazado en el orden internacional.
El guanaco suele formar tropillas que pueden llegar a ser numerosas
en este lugar, por ejemplo 150 o más individuos.
Al suri, en cambio, se lo ve en pequeños grupos, y a veces
ejemplares aislados.
Ambas especies podrían recuperarse de continuarse con los trabajos
de educación ambiental iniciados por la Fundación Vida
Silvestre Argentina en la zona de influencia.
Otros componentes habituales de este sector oriental de los Andes son el
zorro colorado y el zorro gris chico; el chinchillón, un roedor de
porte mediano característico de los paredones rocosos; el chiñe o
zorrino común; y el puma o león americano, un gran félido
que aún encuentra refugio en estas vastas montañas despobladas.
Las aves cuentan con un vistoso elenco.
Además del suri cordillerano debemos mencionar al águila mora;
el cóndor andino, el carroñero típico de los
Andes; el tortolón, corral o agachona chica, un ave con el
porte de una torcaza robusta, de plumaje aperdizado, común
en las ciénagas; y varios pájaros como las chamuchinas
o jilgueros oliváceos y los "boquenses" o comesebos
andinos, los cuales pueden llegar a formar grandes bandadas, el suri
cordillerano es el ave terrestre más grande y forma nutridos
grupos en las planicies de altura.
También encontramos aves como yales, dormilonas, remolineras, bandurritas,
picaflores, palomas cordilleranas, etc.
Varias lagartijas o chelcos junto a una culebra conejera son los representantes
locales de los reptiles.
Entre la fauna exótica se destaca la liebre europea, muy extendida
por toda la región, que prefiere aquí las cercanías
de la ciénagas, las cuales le proveen alimento verde todo el
año; y los burros cimarrones, animal que ha retornado a su
vida salvaje a partir de los ejemplares escapados y que se insinúa
como uno de los problemas de conservación más serios
a resolver en el corto plazo, dado que su proliferación desmedida
podría originar cambios indeseables en el funcionamiento del
ecosistema original.
Caracterizados por su adaptación a las condiciones de aridez
del ambiente los anfibios son escasos.
Entre los reptiles hallaremos las especies más curiosas.
El lagarto cola de piche, de llamativos colores, recorre los pedregales
de las serranías, junto a otras especies de lagartijas endémicas
de la región.
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