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La actividad
agrícola es el pivote sobre el cual se sustenta y desarrolla la economía
sanjuanina, que depende de la presencia de los oasis piedemontanos regados
por cursos de agua, a cuya vera se concentra la población.
De la superficie útil beneficiada por el regadío, menos de 200.000 ha.,
los dos oasis mayores de la provincia, Tulum y Jáchal, ocupan alrededor
del 75% y el 13% de la misma, respectivamente.
La especialización agrícola en torno al cultivo de la vid y su concentración
geográfica en el oasis de Tulum constituyen los rasgos más destacados
del monocultivo de la vid, lo que ha generado la existencia de un
tipo de economía dependiente e inestable, sujeta a crisis periódicas
de precios del producto y a avatares climatológicos (sequías, heladas,
granizo, inundaciones).
Más del 90% de la uva cosechada se destina a la producción de vino
y el resto a la obtención de mostos concentrados y sulfitados.
La producción de vid ofrece uno de los rendimientos medios más altos
del mundo, entre 15.000 y 45.000 kg. por hectárea de uva de alta graduación
de azúcar, ideal para la elaboración de vinos especiales.
San Juan genera casi el 40% de la producción nacional de uva y su
contribución a las exportaciones del país representa el 10% del total
de los vinos ‘comunes’, que se dirigen hacia países de América Latina
(80%) y Canadá (15%).
El olivo y la horticultura constituyen cultivos de alternativa al
monocultivo de la vid, que protagoniza la actividad industrial.
El vino contribuye con alrededor de un 34% del producto bruto industrial
de la provincia, casi en paridad de magnitud con los productos metálicos,
maquinaria y equipo.
Las industrias extractivas constituyen un rubro de interés, como la
fabricación de cemento en Loma Negra y la producción, en las cercanías
de la capital provincial, de carburo de calcio, ferroaleaciones y
silicio metálico.
Los circuitos turísticos valorizan los paisajes de montaña con epicentro
en la ciudad de San Juan.
El valle de Calingasta ofrece el atractivo del barreal de Leoncito
para la práctica del carrovelismo, el valle de la Iglesia las termas
de Pismanta, y el Valle de Ischigualasto, más conocido como valle
de la Luna, yacimientos paleontológicos, con pisadas y restos de reptiles
y manifestaciones de bosques petrificados (helechos y coníferas del
triásico) en estratos geográficos de hasta 200 millones de años de
antigüedad.
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