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La gran diversidad morfológica del relieve conjuga condiciones climáticas
contrastadas.
Por un lado, el clima cordillerano frío y con precipitaciones nivales
de invierno; por otro, el clima de veranos cálidos de las llanuras,
escasamente beneficiadas por las precipitaciones que aportan los vientos
procedentes del océano Atlántico.
Unos 250 mm. anuales precipitan en forma de lluvias durante el verano, y otorgan
identidad a las condiciones ambientales de la provincia: un espacio
árido en el que los recursos hídricos condicionan el asentamiento
humano y las actividades económicas.
En la cordillera y precordillera predomina el clima
árido andino puneño, con temperaturas rigurosamente bajas y lluvias
muy escasas, por influencia de la altitud y el relieve, respectivamente.
En los valles interpuestos entre estas formaciones, las condiciones
se moderan notablemente.
Al norte de la latitud capitalina prevalece el clima árido de sierras,
cuyos rasgos fundamentales son la continentalidad, las escasas lluvias
estivales, la intensa evaporación y como resultado, un medio ambiente
extremadamente seco.
El clima árido de estepas, en el centro y sur de Mendoza, es la franja
de transición entre el norte del país con lluvias estivales y el sur
con precipitaciones invernales.
En el oriente de los departamentos La Paz y Gral. Alvear, una estrecha
franja de clima templado de transición, señala el paso paulatino de
la aridez del oeste a las condiciones benignas de los climas templados
del este.
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