Flora y Fauna

Flora

Las particulares circunstancias climáticas determinan la existencia de una serie de fajas o pisos de vegetación bien diferenciadas entre sí.
Arbustos Tola o Vaca, hierbas tiernas, tales como los Tréboles y Peladillas. Quepo, que en noviembre luce las flores amarillas más grandes que se pueden observar en la región. Brama, cuya adaptación al medio consiste en morir durante la época de sequía y aguardar el tiempo favorable en estado de semilla al nivel del suelo, aún por varios años, para cumplir luego su ciclo vital en menos de un mes.

Sobre las llanuras ubicadas al pie de las serranías y en los cordones montañosos bajos, se instala la Selva Basal o Selva de Transición, llamada así por encontrarse entre la Selva propiamente dicha y los bosques secos del Chaco. Los árboles dominantes de esta formación son el Palo Blanco, el Palo Lanza, la Tipa Blanca, el Jacarandá, el Cebil Colorado, el Horco Cebil, los Lapachos entre otras especies. Dado que en estas alturas las lluvias no superan los 1000 mm., se define una estación seca que coincide con el invierno, momento en que la mayoría de los árboles pierde su follaje.

Las Selvas Montanas ubicadas por encima de la formación anterior, ocupan las laderas orientales formando una masa boscosa impenetrable, habitualmente cubierta por nubes durante el verano y principios del otoño. Esas nubes hacen de esta formación la más húmeda de todas, con lluvias de hasta 3.000 mm anuales.
Estas características determinan un ambiente interior húmedo y sombrío donde una multitud de lianas, enredaderas y epífitas se enlazan y vegetan sobre los troncos y ramas de los árboles, cubriéndolos casi por completo. Aquí predominan los árboles de hojas perennes y su tamaño es mucho mayor que en la Selva Basal, llegando hasta los 30 metros de altura.
Forman este grupo de gigantes vegetales el Laurel de la Falda, cuyo tronco llega a los 2,50 metros de diámetro, el Horco Molle o Palo Barroso, el Nogal Criollo, de nueces comestibles, y numerosas Mirtáceas (la familia de los Arrayanes y Eucaliptus) como el Mato, Guil, Horco-Mato, Alpa-Mato, etc. que definen, cuando se presentan en abundancia, una formación particular llamada Selva de Mirtáceas.

A medida que ascendemos por las laderas, dejamos la selva con árboles de follaje perenne, para volvermos a encontrar con los de hoja caduca que integran el llamado Bosque Montano. Esta formación debe soportar inviernos fríos y secos y escasas lluvias (apenas 400 mm.).
Aquí se diferencian tres tipos de bosque: los de Pino del Cerro, los de Aliso y los Queñoa. Estos pueden estar entremezclados, pero con frecuencia forman comunidades casi puras. El Pino del Cerro es la única conífera del Noroeste argentino.
El Aliso, que llega hasta México se ubica en pendientes pronunciadas. La Queñoa es un pequeño árbol de tronco retorcido que puede encontrarse hasta los 3000 mts. de altura sobre paredones rocosos, alcanzando una altura de hasta 6 mts.

Por encima de los Bosques Montanos encontramos los Prados Montanos formados en su totalidad por gramíneas y otras herbáceas que florecen durante las épocas de lluvia otorgándole al paisaje una belleza inigualable.



Fauna

Entre las aves podemos contar con: grandes loros como el guacamayo verde, loro alisero (característico de los bosques de aliso), pavas de monte como la de cara roja, endémica de la región, y una multitud de picaflores, pequeñas aves frugívoras, trepadoras e insectívoras.

Entre los mamíferos encontramos el grupo de los herbívoros, representados por el tapir, los pecaríes labiado y de collar, las corzuelas roja y parda, el agutí y el tapetí, un conejo autóctono.

En los pastizales de altura hallamos un ciervo autóctono, la taruca o huemul del norte que se encuentra en peligro de extinción por la caza de la cual es objeto, ya que constituye un trofeo muy preciado.

Los carnívoros se encuentran en abundancia yaguareté (especie en peligro de extinción), puma, hurón grande, el gato tigre, zorro colorado, zorro de monte,  zorrino real, endémico de esta zona y el hurón mediano. Muchas especies de mamíferos son de hábitos exclusivamente arborícolas como las ardillas y el mono caí, que se mueve en pequeños grupos por las copas de los árboles.

La principal protagonista de la fauna puneña es, sin duda, la vicuña, éste gran herbívoro necesita muchas calorías y nutrientes para soportar las bajas temperaturas, debe recorrer grandes distancias para proveerse de los alimentos, siendo entre los camélidos, el que ha colonizado las zonas más altas.

Otro camélido nativo que podremos observar en las márgenes de la laguna junto al ganado doméstico (principalmente ovejas y cabras) es la llama, esta especie fue domesticada hace siglos por la cultura incaica en el Alto Perú, para aprovechar su lana, carne, leche y fundamentalmente para ser utilizado como medio de transporte. 

Las aves son todas de espacios abiertos. Los matorrales y pajonales son habitados por aves corredoras como el Ñandú Petiso o Suri Cordillerano, que se halla frecuentemente asociado a la presencia de las Vicuñas, y el Inambú Serrano que está adaptado a vivir entre los pajonales utilizando silbidos sonoros para comunicarse con sus pares.
Otras de las aves que muestra adaptaciones claras a este ambiente es el Carpintero de las Piedras, endémico de la región. Esta especie marcadamente terrícola, a falta de árboles donde buscar sus alimentos, remueve piedras para extraer larvas, mientras se mueve en bandadas. La Guayata (también exclusiva de esta zona), habita los bordes de las lagunas puneñas, junto con patos, como el maicero, el barcino, el colorado, el juar-jual o crestón y el pato puna.

Las lagunas son utilizadas también por varias especies de gallaretas, destacándose la americana, la gigante, cuyo tamaño la hace inconfundible y la muy escasa cornuda. Estas tres especies son exclusivas de los ambientes acuáticos de la Puna.
Los más llamativos habitantes de la Laguna son los flamencos; alimentándose de los invertebrados que viven en el agua y el fango, hallaremos a las tres especies de flamencos que habitan la Argentina: el común, el andino o parina grande y el más pequeño, llamado flamenco de james o parina chica, estos dos últimos, también endémicos.
Estas tres especies tienen generalmente lugares de alimentación diferentes y aún cuando están juntas no compiten, ya que comen organismos distintos, dadas las distintas dimensiones de los aparatos filtrantes de sus picos.
El cóndor, que a expensas de las corrientes térmicas y su gran superficie alar, alcanza elevadísimas alturas, desde las que escudriña durante horas, con muy escaso gasto de energía, en procura de la carroña que forma su dieta, proveniente en su mayoría de camélidos, roedores grandes y Ñandúes muertos. Injustificadamente se le reprochan comportamientos predadores, para los que se halla naturalmente incapacitado por la débil formación de sus patas y garras.
Las que sí son aves predadoras son el águila mora, águila poma, enorme rapaz en peligro de extinción, el matamico andino (pariente del carancho) y el gavilán ceniciento, que cazan inambúes, guayatas y algunos roedores.

Existe en este bioma un grupo de anfibios atípico: el de las ranas marsupiales. Estas especies colocan sus huevos en bolsas o marsupios que se encuentran en sus espaldas, dentro de los cuales se produce todo el desarrollo larvario. Una vez completado éste salen del marsupio las pequeñas ranitas totalmente formadas.

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