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Los
valles de Jujuy y de San Francisco constituyen los espacios más dinámicos
desde un punto de vista económico.
En el primero se extiende un área de cultivo del tabaco junto a otros
como las hortalizas, los cereales y la vid y se practica la ganadería
lechera.
El valle cálido del río San Francisco produce caña de azúcar —que, junto
con el tabaco, son los cultivos más importantes de la agricultura jujeña—,
cítricos y hortalizas.
Los ingenios azucareros se localizan en la misma zona; algunos producen
también papel y alcohol.
Las deficiencias de agua se cubren mediante regadío; los diques de La
Ciénaga y Las Maderas cumplen ese propósito, además de generar energía.
En la Puna y en la quebrada de Humahuaca se registra una agricultura de
subsistencia en los pequeños asentamientos que allí se localizan.
Las condiciones ecológicas hacen que la ganadería vacuna esté limitada
a razas rústicas criollas.
En este ambiente adquieren importancia los caprinos destinados a la producción
de carne, leche, quesos y pieles.
En la Puna se practica la cría de llamas, utilizadas como animal de carga
y para consumo de leche y provisión de lana de los tejidos artesanales.
La explotación forestal tiene lugar en las laderas húmedas orientales,
así como también la forestación con eucaliptos para abastecer de carbón
vegetal a la siderurgia de Palpalá, que explota el hierro de la sierra
de Zapla.
En el valle del San Francisco existen pozos de petróleo y gas, y en la
Puna se halla el yacimiento más importante del país de plata, plomo y
cinc, en Mina Aguilar.
Las rutas y vías férreas siguen el rumbo de la quebrada de Humahuaca hasta
La Quiaca, que constituye un paso fronterizo con Bolivia, y del valle
del San Francisco hacia Pocitos, ya en territorio salteño.
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