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Flora
En el occidente de la provincia del Chubut, se hallan los Bosques Subantárticos,
que se extienden en una franja angosta. La cobertura vegetal presenta
magníficos caracteres, siendo sus exponentes típicos el alerce, ciprés,
voqui blanco, avellano, coihue, cana coligue, retama, radal, lenga,
maqui, calafate y maitén.
La Estepa Patagónica es el dominio más extenso en Chubut, donde la sequedad
del aire, la violencia de los vientos y la condición esquelética de
los suelos, determinan la existencia de la estepa arbustiva, abierta,
achaparrada y xerófila. Calafate, uña de gato, zampa, neneo y coirón
salpican el suelo estepario.
En la Península Valdés el Monte Occidental se presenta con algunos arbustos
característicos brea, chañar, jarilla, prosopis, escasas gramíneas y
manchones de vegetación herbácea.
La escasez de agua, las bajas temperaturas, el efecto desecante de los
vientos del oeste y la pobreza general de los suelos arenosos y pedregosos,
con escasa materia orgánica, condicionan la vida vegetal. Una
vegetación escasa, esparcida, baja y compacta, que deja una gran
parte del suelo desnudo.
La mayoría de las especies poseen hojas pequeñas y cubiertas
con una cutícula gruesa, características que les permiten
atenuar el proceso de evaporación. Asimismo, para protegerse
de los herbívoros, se cubren de numerosas espinas, sus hojas
son duras y están impregnadas de sustancias que les dan un sabor
desagradable.
La forma predominante de los vegetales es la de cojines hemisféricos
más o menos compactos, esparcidos en el terreno. De esta manera
ofrecen menos resistencia a los vientos y conservan mejor el calor y
la humedad. Las mesetas, planicies y serranías están pobladas
por el quilembai, el colapiche y el coirón amargo. El quilembai
domina el paisaje, y se destaca por sus matas redondeadas y hojas duras
que terminan en una espina, cubriéndose de llamativas flores
amarillas en verano. El colapiche, arbusto enano, debe su nombre a sus
breves ramitas densamente cubiertas de minúsculas hojas, que
recuerda a la cola de un piche o peludo. Entre las matas de estas dos
especies se hallan los penachos amarillos del coirón, uno de
los pocos pastos de la estepa.
Cerca de las costas marinas, donde hay mayor humedad, el terreno se
cubre de abundante vegetación, formando un continuo manto. Allí
aparecen arbustos de mayor porte como el molle, el algarrobo patagónico,
la mata laguna, el calafate y la verbena, de hermosas flores lilas.
Los cañadones y valles que permanecen anegados sostienen una
vegetación diferente, de un verde intenso, llamados localmente
"mallines" o "vegas". El junquillo y el pasto salado
son comunes en estos ambientes. En los terrenos próximos al mar,
se encuentran bajos con suelos salobres, testigos de prehistóricas
ingresiones marinas. Sólo pueden vivir allí vegetales
tolerantes a la alta salinidad, como el jume, la zampa y la vidriera.
Los cambios en los matices del paisaje a medida que no acercamos a la
Cordillera de los Andes, desde la árida Estepa Patagónica.
Los árboles más abundantes en la zona de contacto con
la Estepa Patagónica son la lenga y el ñire, que forman un bosque
de hojas caducas. El ciprés de la cordillera, de hasta 20 metros
de altura, crece en las laderas más secas y expuestas. El maitén
suele acompañar al ciprés en los sectores de transición,
formando bosquecillos puros. Junto a los anteriores, el chacay, desarrolla
galerías a orillas de los ríos que ingresan a la estepa.
Entre los arbustos tenemos al espino negro, el radal, que en sitios
de mayor humedad adquiere un porte arbóreo; y el notro cuyas
llamativas flores compiten con las de mutisias, virreinas y amancays
o liutos que vegetan en las zonas más húmedas.
En ciertos sectores, existe un denso sotobosque de caña colihue,
que puede medrar varios metros hacia lo alto, no dejando prácticamente
claros. Hay arbustos acompañantes como el michay, vinagrillo,
la violeta y las topa-topa, entre otras.
Los helechos, musgos, líquenes, hepáticas y hongos abundan
en el suelo, entre ramas y troncos caídos o al pie de los árboles.
Se destaca entre los hongos el llao-llao, parásito que produce
tumores en forma de abultamientos en las ramas y troncos de distintas
especies arbóreas. Los bosques valdivianos cruzan por la cordillera
en sitios bajos, que facilitan el necesario aporte de humedad, la que
supera en ciertos lugares los 4000 mm. anuales.
Allí la vegetación tiene sus manifestaciones más
exuberantes aumentando en forma notoria la diversidad específica.
helechos y epífitas crecen entre una espesa capa de musgo sobre
los troncos, mientras que las enredaderas y lianas insinúan una
formación selvática en el bosque.
El alerce, vive preferentemente en las partes más húmedas
de la región, vegeta entremezclado con los coihues, canelos,
maniúes, junto a otros árboles, se distingue fácilmente
de las otras especies por poseer una copa piramidal, porte majestuoso
y corteza rojiza con profundos surcos longitudinales, es frecuente hallar
ejemplares que superan los 50 metros de altura, con troncos que miden
hasta 4 metros de diámetro, los bosques naturales de esta especie,
han sido explotados desde antaño en toda su área de distribución,
es decir, tanto en Chile como en Argentina,
su madera, de excelente calidad, es muy preciada dada la extraordinaria
resistencia que posee a la intemperie, siendo prácticamente imputrescible
e invulnerable al ataque de los insectos, por este motivo, fue intensamente
aprovechada para la construcción de tejuelas para techos, puertas,
ventanas, revestimientos exteriores e interiores, muebles, embarcaciones,
etc. habiéndose llevado a esta conífera casi al exterminio,
dado su crecimiento extremadamente lento (su tronco crece 1 centímetro
de espesor cada 15 o 20 años) se calcula que los ejemplares de
3 a 4 metros de diámetro, pueden alcanzar edades de 3.000 a 4.00
años, considerándosela por ello, una de las especies más
longevas del planeta.
Entre las especies exóticas que se han asilvestrado e invadido
los ambientes naturales se destacan: la rosa mosqueta, el lupino, la
margarita, el diente de león, la digitalia, etc.. Estas especies,
escapadas originariamente de los jardines, ocupan lugares que han sido
alterados por actividades humanas, como la explotación forestal
y el pastoreo del ganado doméstico.
Fauna
Con
respecto a la fauna chubutense, encontramos: en las aguas vecinas ballenas
francas, delfines y orcas; el Lobo Marino de un pelo especie que recibe
ese nombre para diferenciarlo de su pariente más cercano, el
lobo fino o lobo marino de dos pelos, que fuera cazado indiscriminadamente
en el siglo pasado, por su fino pelaje formado por dos capas de pelo.
El lobo marino, como todo animal adaptado a la vida acuática,
se desplaza con dificultad en tierra y a diferencia del elefante marino,
utiliza tanto las aletas anteriores como las posteriores.
En el agua los Lobos se propulsan con sus aletas anteriores; los elefantes
marinos usan sus aletas posteriores. Los lobos poseen pabellones auriculares
externos (orejas) en forma de "V", mientras que los elefantes
marinos carecen de ellos.
Los machos de esta especie son muchos más grandes que las hembras,
llegando a pesar tanto como tres de ellas juntas. Poseen un cuello prominente,
cubierto de pelos más largos, lo que se llama comúnmente
"melena" y son de un color marrón oscuro.
Las hembras poseen una forma más esbelta, su pelaje es de color
marrón claro y carecen de la "melena". Las crías
son negras durante el primer mes de vida y luego se tornan marrones
ya que la época de reproducción de los lobos se concentra
en verano y la de los elefantes en primavera, unos no interfieren con
la vida de los otros.
La mayoría de las hembras que llegan al área de reproducción
se encuentran preñadas de la temporada anterior. Las hembras
paren una sola cría, luego de un año de gestación,
que produce un sonido característico, parecido al balido de una
oveja.
Es posible que las hembras no se reproduzcan todos los años,
tienen su primera cría entre los 3 y 4 años de edad.
La madre permanece con su cría por una semana hasta que se aparea
nuevamente, luego de lo cual se interna en el mar para alimentarse.
Dos o tres días más tarde regresa y localiza a su cría
por su grito y olor. Los machos se pelean entre sí para mantener
a un grupo de hembras bajo su dominio y aparearse con ellas.
Al igual que los elefantes marinos, los lobos son polígamos,
esto quiere decir que algunos machos se aparean con muchas hembras,
mientras que la mayoría de ellos lo hacen con unas pocas o directamente
no logran reproducirse esa temporada.
El éxito de un macho durante la reproducción depende de
su habilidad para competir con otros machos y acaparar el mayor número
posible de hembras. Todas las agresiones entre machos adultos están
precedidas por un fuerte bufido y determinados movimientos intimidatorios.
Cuando estas simples amenazas no resuelven el conflicto, los machos
luchan, propinándose mordiscos, empujones y golpes, hiriéndose
principalmente el cuello y la cara.
La mayoría de los lobos no emprenden largas migraciones. Fuera
de la época de reproducción los lobos se dispersan, movilizándose
entre los distintos apostaderos de la costa patagónica. Ya que
durante la temporada de cría los lobos no se alimentan ni toman
agua, estos recursos los obtienen de sus reservas de grasa que acumularon
el resto del año. Dado que son predadores costeros, en el mar
se alimentan de calamares, pulpos y peces.
Existe asimismo, una gran abundancia de reptiles, lagartijas y matuastos que
habitan los pedregales y las zonas arbustivas. Tambien se ven anfibios
como sapo espinuloso, sapito de cuatro ojos.
La yarará ñata es uno de los pocos ofidios que habitan la región
y el único venenoso. Su pequeño tamaño (no supera
los 40 centímetros de largo) es acorde al de sus presas: ratones
y lagartijas.
Los mamíferos más frecuentes son los zorros grises, peludos,
maras, guanacos, que suelen verse en confiados grupos, gatos de los
pajonales y hurones, huillín, nutria criolla, liebre y visón.
También sobresale la figura del huemul, uno de los dos ciervos nativos
de este bioma. Muy buen nadador, de constitución robusta, orejas
grandes y anchas, y con pelaje de color pardo, algo más oscuro
en invierno que en verano. Si bien en cierta época del año
ocupa zonas bajas, el huemul hace intenso uso de los ambientes de montaña.
Se dispersa en verano por las zonas mas altas, donde se alimenta de
los pastos de los mallines y praderas, como así también
de arbustos, árboles jóvenes, y varias herbáceas,
siempre cerca del bosque, donde busca refugio de predadores como el
puma. Cuando llega el invierno el huemul baja a los valles buscando
alimento y es aquí donde corre riesgo su preservación
ya que esas áreas han sido modificadas por el hombre, por lo
tanto le resulta más difícil alimentarse.
A esto se suma el desplazamiento que sufre por especies introducidas
como el ciervo colorado y el jabalí.
Otro de los cérvidos nativos que viven en el área es el
pudú, que por su particularidad de ser uno de los ciervos más
pequeños del mundo, se ha convertido en una de las especies animales
más conocidas de la región. El adulto llega a pesar unos
10 a 12 kg. y su altura apenas pasa los 40 cm. . Dentro del área
de bosques andino patagónicos ocupa la zona de vegetación
más densa y húmeda, donde puede refugiarse y moverse con
facilidad gracias a su pequeño tamaño. Se alimenta de
arbustos, árboles jóvenes, helechos y otras hierbas que
crecen en el suelo del bosque. Entre los predadores naturales se encuentra
el puma, el zorro colorado.
El perro doméstico es uno de los predadores más importantes
del pudú, causando un impacto negativo en su población.
Representando a los felinos encontramos al Puma, al que los hacendados
han declarado la guerra en base a una exagerada valoración de
su impacto sobre el ganado y al gato huiña. Este es un gato pequeño
que mide 45 cm. de largo, de pelaje es bastante largo, con manchas compactas
negras. Habita en los bosques húmedos de la región,
se alimenta básicamente de roedores y aves por la particularidad
que posee de trepar árboles.
Entre las aves sin duda, el habitante más conocido y la principal
atracción es el pingüino de magallanes. Esta ave marina,
que permanece la mayor parte del año en alta mar, llega a nuestras
costas solamente para reproducirse. El período de mayor afluencia
de individuos abarca desde fines de setiembre hasta fines de marzo.
Una vez que las parejas se han formado, se dedican a reacondicionar
los nidos utilizados el año anterior.
Estos son en su mayoría cuevas excavadas por ellos mismos, aunque
algunos prefieren aprovechar las cavidades naturales que existen entre
las raíces de los arbustos. Las cuevas se encuentran en mayor
densidad cerca de la costa, donde el suelo es más blando y fácil
de excavar.
A principios de octubre la hembra pone generalmente dos huevos, que
tardan unos 40 días en eclosionar, pero a menudo logra sobrevivir
solo un pichón.
Las crías nacen recubiertas de plumón, el que pierden
en febrero, cuando adquieren su plumaje juvenil, de un uniforme color
pardo. Recién a los 4 o 5 años de edad alcanzan su madurez
sexual. Los machos son apenas más grandes y poseen picos más
gruesos y largos que las hembras.
Ambos sexos defienden el nido, incuban los huevos y alimentan los pichones
con peces y calamares. El sonido que emiten los pingüinos es parecido
a un rebuzno o llanto de niño, que le ha valido los nombres de
"pájaro niño" y "pingüino burro"
y lo realizan los adultos para alejar a los intrusos y o para atraer
a su pareja. Es frecuente observar a los pingüinos enfrentándose
y golpeteando sus picos, como dos espadachines.
Este comportamiento es tanto parte del cortejo como de los encuentros
agresivos, por ejemplo, cuando una pareja defiende el nido de otros
congéneres. Los pingüinos pasan la mayor parte de su vida
en el agua, durmiendo inclusive en ella. Realizan grandes desplazamientos
fuera de la época reproductora, pero siempre dentro de la plataforma
continental.
Son capaces de nadar a una velocidad de 8 km/h, saltando fuera del agua
como los delfines. Utilizan las aletas para propulsarse y las patas
como timón.
Las gaviotas predan sobre huevos y pichones, que les son arrebatados
por las skúas; a su vez, los restos son consumidos por aves carroñeras
como el carancho y chimango, o por mamíferos como el zorro gris y el peludo.
Cerca de la costa, los predadores marinos como el petrel gigante
y orcas esperan para alimentarse de los pingüinos jóvenes
y enfermos.
Además, se encuentran colonias de nidificación de otras
aves marinas como gaviotas cocineras, gaviotas australes, patos vapor,
skúas o salteadores y dos especies de ostreros.
Cerca del extremo de la Punta Tombo, está la colonia de cormoranes
reales que llegó a tener unos 5.000 nidos, distanciados entre
sí unos 70 centímetros. Sobre las paredes verticales del
borde de la colonia se instalan los cormoranes de cuello negro o roqueros.
Existió hasta hace unos años una colonia de 70 parejas
del cormorán guanay, habitante de las costas del Océano
Pacífico, siendo la de Punta Tombo, la única población
conocida de esta especie para la Argentina
y para el Atlántico. Lamentablemente ya no se la encuentra en
la zona, ignorándose los motivos de su desaparición. Las
palomas antárticas, varias especies de gaviotines y petreles
gigantes, también usan o visitan el área aunque no necesariamente
para la reproducción.
Algunas otras aves acuáticas presentes son los Cauquenes o Avutardas,
el macá común y pato vapor volador.
Asociados a los ambientes terrestres están presentes aves como
las martinetas o copetonas, ñandúes o choiques, una gran variedad
de pequeñas especies, como patos, avutardas, caranchos, tero,
loro barranquero del sur y fío-fío, calandria y bandurrita patagónicas,
patagón y coludito de cola negra, entre muchas otras. Los distintos
estratos del bosque, por su lado, cobijan palomas araucanas, especies
terrícolas como el esquivo chucao y el tapacola. En los troncos
de los árboles encontramos a los vistosos carpinteros patagónicos.
Entre las rapaces, son muy comunes los halconcitos, águilas, lechuzas,
jotes de cabeza negra y cóndores.
La fauna ictícola nativa la integran el puyén, las peladillas,
el casi extinguido pejerrey patagónico, el bagre aterciopelado
y los diminutos bagrecitos de arroyo. La introducción de los
salmones y truchas exóticas resultó nefasta para estos
peces nativos, que fueron predados por estas grandes especies hasta
casi su exterminio. El ciervo volador es uno de los más llamativos
insectos del lugar.
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