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La historia de un continente
comienza cuando llega el hombre y la presencia humana es muy reciente
en la Antártida.
Los primeros avistajes se realizaron durante el siglo XVII. En 1756
un navío español el "León" procedente del Perú en ruta a Cádiz es abatido
al sur del Cabo de Hornos por un temporal y el 28 de junio avista una
isla y la circunnavegan denominándola San Pedro.
Entre 1772 y 1775, el capitán inglés James Cook cincunnavegó el continente
antártico y aunque no lo avistó, dedujo su existencia por las masas
de hielo que navegaban a la deriva. También arriba a la isla San Pedro
a la que rebautizó Georgias del Sur.
En 1794 fueron formalmente ubicadas geográficamente las rocas "Aurora",
cuya existencia, denunciada por un buque español 20 años antes, se había
transformado en una leyenda.
Al finalizar el siglo XVIII se inicia un primer período de la Antártida
caracterizada por las aproximaciones de naves españolas y de otras banderas
cada vez más hacia el sur y por algunos descubrimientos de archipiélagos
de importancia.
El siglo XIX marca un gran cambio en el territorio americano que lucha
contra España para lograr su independencia. En ese marco bélico, el
almirante Guillermo Brown, emprende una campaña en 1815 para hostigar
a la flota española en el Pacífico, con 2 buques: la fragata "Hércules"
y el bergantín "Trinidad".
En busca de su destino zarpó rumbo al sur y al transponer el cabo de
Hornos un fuerte temporal abatió hacia el mar Antártico alcanzando los
65º de latitud sur.
El informe de Brown indica la presencia de tierra cercana.
El petitorio que el comerciante Juan Pedro Aguirre presenta al Consulado
de Buenos Aires el 18 de febrero de 1818, solicitando la autorización
para la instalación de un establecimiento para pesca de lobos en alguna
de las islas existentes a la altura del Polo Sur, que confirma el conocimiento
de tierras antárticas.
Uno entre otros varios foqueros, el "Spiritu Santo", que fue seguido
por el "Brig" norteamericano "Hercilia" hasta la isla Decepción.
La información precedente es de suma importancia; revela que fueron
foqueros argentinos quienes habían visitado con anterioridad las islas
y, si en el año 1818 ya se dirigían a ellas con rumbo fijo, surge como
consecuencia que las conocían anteriormente, por lo cual remitía su
descubrimiento, por lo menos, al año 1817.
Entre 1819 y 1821 los buques rusos "Vostok" y "Mirny" circunnavegaron
el Antártico. Su comandante F. G. de Bellingshausen, un alemán al servicio
de Rusia, era un hombre cauteloso y emprendedor.
En 1821 avistó una costa ríspida y montañosa, que nombró Tierra Alejandro
1 (69º 53'S) en honor al zar de Rusia. Todas esas comprobaciones fueron
el punto de partida de sucesivos viajes de buques que desplazaron sus
actividades hacia el sur, tomando como punto de reunión las inmediaciones
de las Islas Shetland y especialmente la abrigada isla Decepción.
En 1823 el capitán inglés Weddell, descubre el mar que hoy lleva su
nombre, por el que penetró hasta los 74º 15'S y 34º 17'W en condiciones
excepcionalmente favorables de hielo.
Posteriormente y zarpando en 1838 desde los Estados Unidos el teniente
de marina de guerra Charles Wilkes alcanza el cabo de Hornos y circunnavega
el continente antártico. Hacia la misma época tuvo lugar una expedición
de franceses comandada por el capitán Cesar Dumont D' Urville, de la
Marina de Guerra. Descubrió lo que llamó Tierra Adelia, Luis Felipe
e Isla Joinville, éstas dos últimas al norte de la Península Antártica
.
Enterado de estos descubrimientos, James Ross, oficial de la Marina
Británica, zarpó hacia el sur desde Nueva Zelanda, con el "Erebus" y
"Terror". Atravesó el hielo de mar, que en el verano deriva hacia el
norte, y después de cuatro días entró en un mar abierto que ahora se
denomina de Ross. También vio el monte "Erebus", un volcán activo de
más de 4.000 metros de altura.
Posteriormente el Gobierno de Buenos Aires dicta el 10 de junio de 1829
un decreto de incuestionable importancia para nuestra soberanía: la
creación de la Comandancia Político Militar de las Islas Malvinas. Hay
un aspecto de este decreto que es también fundamental para nuestra soberanía
antártica, porque es la primera norma legal que obliga a la protección
y conservación de la fauna en las islas adyacentes al Cabo de Hornos,
es decir en las islas antárticas. Los pinnípedos habían sido objeto
de un exterminio brutal desde fines del siglo anterior en las costas
patagónicas y de archipiélagos adyacentes.
En 1880 el Presidente Roca dio apoyo a una expedición austral, proyectada
por el marino italiano Guillermo Bove, que se concretó a través del
Instituto Geográfico Argentino. Una especial sensibilidad en la reciente
investigación antártica fue desarrollada por el Instituto Geográfico
Argentino especialmente a través de su presidente el doctor Estanislao
S. Zeballos.
Estos esfuerzos culminaron el 23 de noviembre de 1896 cuando el doctor
Francisco Seguí sucesor de Zeballos elevó al Poder Ejecutivo el proyecto
de una expedición científica polar. Paralelamente, surgen nuevas peticiones
para el establecimiento de factorías comerciales en las islas Shetland
de Sur y la Península Antártica. En 1894, Luis Neumayer invoca al Ministro
del Interior con un petitorio para que se le autorice la exploración
y reconocimiento de la "Tierra de Grand".
Luego de fundamentar su pedido en razones políticas y económicas dice
que conviene que se conozcan esas tierras bajo el amparo de la bandera
a la que pertenecen, y de sus trabajos surgirá la base para aquellos
que deseen explorarla y explotarla en sus riquezas.
El 29 de diciembre de 1894, el Presidente de la Nación don Luis S. Peña
suscribía una resolución autorizando a Neumayer para explorar el territorio
situado al sur de la Patagonia y denominado de Grand (hoy Península
Antártica), aunque prohibiendo cualquier tipo de explotación.
A fines del siglo pasado se inician una serie de estudios intensivos
sobre la naturaleza del antártico, recomendados por sucesivos Congresos
Internacionales de Geografía y que culminaron exitosamente en el año
1957-1958, cuando se lo llamó Año Geofísico Internacional, durante el
cual se revelaron muchos de los interrogantes científicos existentes.
Nuestro país brindó todo el apoyo requerido por las misiones científicas
extranjeras.
Bajo esta nueva óptica de los años polares se realiza entre el período
1897-1899 la Expedición Antártica Belga, comandada por el teniente Adrían
de Gerlache, de la que participó Roald Amundsen. Gerlache quedó con
su buque encerrado y a la deriva entre los hielos durante todo el invierno.
Antes de él, ninguna expedición científica había invernado en la Antártida.
Para cumplir las recomendaciones del Congreso Internacional de Geografía
reunido en Berlín en 1899, se organizaron cuatro expediciones científicas:
la Expedición Antártica Alemana (1901-1903), comandada por el profesor
Erich Von Drygalsky;
la Expedición Antártica Sueca (1901-1904), comandada por el profesor
Otto Nordenskjöld;
la Expedición Antártica Británica en la misma fecha comandada por el
capitán Robert F. Scott y
la Expedición Antártica Nacional Escocesa (1902-1904), comandada William
S. Bruce. El 10 de octubre de 1900 se decidió la participación en la
Expedición Antártica Internacional.
Para este fin se encomendó el establecimiento de un observatorio magnético
y meteorológico en la Isla de los Estados. A mediados de noviembre de
1901 comienza la instalación de un faro y un observatorio en la isla
Observatorio del grupo Año Nuevo, frente a la costa norte de la Isla
de los Estados, bajo la conducción del Teniente de Navío Horacio Ballvé.
El gobierno argentino ofreció todo su apoyo a la Expedición Sueca del
Dr. Nordenskjöld y en ella participó el Alférez de Fragata José María
Sobral, joven argentino que cumplió trabajos de meteorología, magnetología
y geodesia. La expedición invernó entre los años 1902-1903, y fue rescatado
por la corbeta argentina Uruguay .
El 22 de febrero de 1904 la Argentina comenzó a ocupar tierras antárticas
al comprar la pequeña estación meteorológica del escocés doctor Bruce,
en la Isla Laurie de Orcadas del Sur.
La ocupación argentina es así la más antigua y permanente del Continente
Antártico.
En 1950 el Observatorio de Orcadas pasó a jurisdicción de la Fuerza
Aérea y en 1952 a la del Ministerio de Marina, siendo operado como Destacamento
Naval Orcadas (decreto Nº 13.714 del 23 de diciembre de 1952), denominación
que actualmente mantiene .
Cuando ya contaba casi treinta años de servicio, la corbeta Uruguay
inició su etapa más gloriosa.
Reacondicionada para enfrentar los hielos antártico procedió a efectuar
los relevos de la flamante base Orcadas en la temporada 1904-1905, durante
la cual buscó infructuosamente a la Expedición Francesa del doctor Jean
Charcot de la cual se ignoraba el paradero. Con posterioridad regreso
a la Antártida en doce temporadas, la última en 1922. Actualmente es
buque museo junto a la fragata Sarmiento en el puerto de Bueno Aires.
El capitán Carl Anton Larsen fundó junto a industriales argentinos y
comerciantes la primera Factoría Ballenera del Hemisferio Sur Compañía
Argentina de Pesca S.A. en las islas Georgias del Sur.
La segunda estación meteorológica permanente en los mares australes
también fue establecida por nuestro país en enero de 1905, en las proximidades
de la Compañía Argentina de Pesca en Grytviken.
Las autoridades provinciales residen en Ushuaia y el Gobernador designa
anualmente su delegado para la región antártica, quien representa así
al poder civil de la zona.
La presencia argentina en nuestro Sector, según la ya señalada actividad
de los foqueros criollos y de acuerdo con la investigación histórica,
se produjo en la segunda década del siglo XIX; algunos afirman incluso
que tuvo lugar a fines del siglo anterior. Eran buques que desde el
puerto de Buenos Aires iban a las llamadas actualmente Islas Shetland
del Sur en busca de sus presas. El secreto mantenido por nuestros foqueros
hizo que el descubrimiento de esas tierras fuera ignorado por mucho
tiempo y se lo atribuyeran navegantes de otros países.
A fines del siglo XIX y principios del presente la ayuda prestada por
nuestro país a expediciones extranjeras, en particular la de Nordenskjöld,
de Gerlache y Charcot, fueron debidamente apreciadas, quedando como
resultado tangible toda una serie de nombres argentinos puestos a accidentes
geográficos: Isla Uruguay, Islas Argentinas, Roca, Quintana, entre otros.
En 1904 se inicia la ocupación permanente de la Antártida Argentina,
con el izamiento del pabellón en Orcadas el 22 de febrero de ese año.
Cabe destacar que durante 40 años la Argentina fue el único ocupante
permanente del Antártico, hecho que constituye el mejor de nuestros
títulos de soberanía en el área.
La presencia argentina en la Antártida tiene ya 93 años, récord que
nos enorgullece, y han sido frecuentes los actos de gobierno y administrativos
en relación con nuestras actividades y en defensa de los derechos argentinos.
El teniente inglés Ernest Shackleton en 1907 invernó en la Barrera de
Ross, desde donde emprendió la marcha al Polo Sur alcanzando el 9 de
enero de 1909 a los 88º 23'S, a sólo 179 km. del Polo. A pesar de no
haberse concretado la empresa, el intento acentuó el interés por llegar
al Polo.
El auge del período heróico se sitúa entre 1911-1912 cuando
fue alcanzado el Polo Sur, correspondiendo la hazaña al explorador noruego
Roald Amundsen. Con esta expedición probó su capacidad como organizador
y demostró que los equipos de perros esquimales eran el mejor medio
de transporte.
La primera guerra mundial abrió un paréntesis en las exploraciones de
la zonas australes. Sólo Shackleton (1914) intentó cruzar la meseta
Polar dirigiéndose desde el Mar de Weddell hacia el de Ross pero sus
intenciones no pudieron concretarse debido a que la nave que los conducía
quedó aprisionada por los hielos, destrozándose posteriormente. La tripulación
logró salvarse gracias a la conducción extraordinaria del jefe de la
expedición que junto con dos de sus compañeros, logró obtener los medios
de rescate.
Con los avances de la aviación, en el año 1928 se decide aprovechar
este medio para efectuar reconocimientos en la Antártida. Es el norteamericano
Byrd quien realiza repetidas incursiones, logrando volar sobre el Polo
el 28 de diciembre de 1929.
En 1939 la necesidad de contar con un organismo centralizado que se
dedicara a la defensa y desarrollo de nuestros intereses antárticos
dio origen, un año más tarde, a la creación de la Comisión Nacional
del Antártico, dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y
Culto.
En base a una recomendación de la Comisión y sobre un plan preparado
por el Servicio de Hidrografía Naval, se organizó la expedición antártica
de 1942, al mando del Capitán de Fragata Alberto J. Oddera. La expedición
Oddera se realizó a bordo del buque 1º de Mayo alcanzando la isla Decepción
el 6 de febrero de 1942.
El día 8 el Capitán Oddera tomó posesión formal en nombre del gobierno
Argentino del Sector Antártico, depositando el acta labrada en un cilindro
que quedó en la isla. Esta ceremonia se repitió luego en los archipiélagos
Melchior e islas Argentinas. Además realizó un importante trabajo hidrográfico
y cartográfico, instaló el primer faro argentino en la actual isla 1º
de Mayo (Archipiélago Melchior) y llevó a cabo trabajos biológicos y
geológicos con personal del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino
Rivadavia.
En 1943 se sucede otra campaña antártica que completa los estudios comenzados
por la anterior y alcanza las aguas de bahía Margarita, donde rescata
el instrumental abandonado en la Base del Este por la Expedición norteamericana
de Byrd. Resultado de ambas expediciones fue un gran enriquecimiento
cartográfico, hidrográfico de declinación magnética, meteorológicos,
mareográficos, reconocimientos aéreos y acopio de muestras biológicas,
geológicas y glaciológicas, así como trabajos de señalamientos con faros
y balizas.
Se habían echado las bases para una futura expansión de la actividad
antártica la cual no se hizo esperar: en la campaña 1946-1947 se crea
el destacamento Melchior y se realiza un vuelo de reconocimiento hasta
más allá del Círculo Polar al mando del contralmirante Gregorio Portillo.
Un año más tarde se instala el destacamento Decepción y se lo dota de
una estación sismográfica y de estudios vulcanológicos y se construye
un refugio sobre la Península Antártica en bahía Andvord. La ejecución
de las actividades antárticas durante la década de los cuarenta había
correspondido a la marina, pero al finalizar este período las otras
fuerzas se incorporan rápidamente al quehacer en el continente blanco
y nuevas personalidades aportan su esfuerzo a la exploración y reconocimiento
del Sector.
En la década siguiente la figura descollante es la del entonces coronel
Hernán Pujato, quien en 1949 elaboró un ambicioso plan cuyos puntos
salientes eran:
1. la creación de un instituto científico específico;
2. la realización de una expedición polar a la Antártida Continental
y el establecimiento de una base al Sur del Círculo Polar;
3. la compra de un buque Rompehielos que posibilitara la penetración
del Mar de Weddell y la instalación de una base en su extremo austral;
4. la conquista del Polo Sur;
5. la instalación de una población con familias.
El plan se cumplió en todos sus puntos con la instalación el 21 de marzo
de 1951 de la Base San Martín en Bahía Margarita, la creación el 17
de abril de 1951 del Instituto Antártico Argentino; la adquisición del
rompehielos "Gral. San Martín" en 1954 y su primera campaña antártica
en 1955 en la cual se instaló la Base Gral. Belgrano y la realización
de la primera Expedición Terrestre Argentina al Polo Sur en 1965 al
mando del entonces coronel Jorge E. Leal, llamada "Operación 90", que
cumplió con los objetivos de apuntalar, por un lado, la presencia argentina
en su límite más austral y, por otro, el científico al efectuar observaciones
y lograr información valiosa para diversas líneas de investigación como
asimismo nuevas experiencias sobre técnicas polares.
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